Industria peruana en crisis

En el editorial de hoy de Gestión vemos una enorme preocupación por los cuatro años de caída que ha acumulado la industria manufacturera. Sin embargo, los autores procuran ocultar la relación que pudiera haber entre esta caída y el extractivismo que ha caracterizado a nuestro desarrollo reciente:

“Si bien el modelo económico actual es completamente opuesto al que aplicó el régimen aprista, y ha logrado un cuarto de siglo de estabilidad de las cuentas nacionales, la lentitud con la que se han estado aplicando reformas estructurales claves ha causado que los fundamentos de la industria continúen débiles y, por tanto, vulnerables ante retrocesos de la demanda, tanto interna como externa”.

El que la manufactura la esté pasando mal por la poca celeridad en la aplicación de reformas “estructurales” como la flexibilización del despido es harto discutible. Las empresas recurren a contratos temporales y otras formas de vínculo laboral para flexibilizar el empleo de facto, rehuyendo a las rigideces del régimen laboral general. En ese sentido, el problema es otro.

El Perú es una economía pequeña y abierta, rica en recursos naturales y en la que el Estado tiene un rol bastante limitado. Por ello es esperable que por mera ventaja comparativa tendamos a especializarnos en la extracción de nuestra riqueza natural en desmedro de otras actividades. Nuestro extractivismo entorpece el desarrollo de la industria nacional al absorber el mejor capital humano y físico que tiene el país, y al procurar adquirir bienes importados intensivos en tecnología que serían imposibles de producir localmente. La reducida producción para el mercado interno resulta sumamente vulnerable a shocks de demanda; y si a eso le sumamos las pobres decisiones de política fiscal de los últimos tiempos (incluyendo el ajuste fiscal del 2017), tenemos una receta perfecta para el desastre.

A pesar del poco apoyo que recibe, la manufactura aporta al fisco el doble de lo que aporta la minería

Si se quiere salvar a la manufactura por su importante contribución al empleo y los ingresos fiscales, el cambio debe venir desde fuera de la lógica de los mercados. Y eso pone al rol del Estado en la economía en el centro de la discusión: ¿Por qué la industria no primaria no tiene los beneficios tributarios que gozan la minería o la agroindustria? ¿Por qué el tipo de cambio es tan poco competitivo? ¿Por qué no existe banca estatal de fomento con tasas de interés selectivas para sectores estratégicos? ¿En qué está la formación superior técnica enfocada a la producción manufacturera? ¿Alguien recuerda esa herramienta de protección de la industria infante llamada “arancel”?

No hay posibilidad que lleguemos a ser un país desarrollado exportando piedras y espárragos.

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